Los Miserables

Autor: Víctor Hugo

Quinta Parte: Jean Valjean

Libro tercero

El barro, piero el alma

Cap VIII : El jirón de frac.

Mientras estaba sumido en ese anonadamiento, se le posó una mano en el hombro y una voz que hablaba bajo le dijo:

—¿Repartimos?

¿Había alguien entre aquellas sombras? No hay nada que se parezca tanto al sueño como la desesperación; Jean Valjean creyó que estaba soñando. No había oído pasos. ¿Era aquello posible? Alzó la vista.

Tenía a un hombre ante sí.

Aquel hombre vestía un blusón; iba descalzo; llevaba los zapatos en la mano izquierda; estaba claro que se los había quitado para poder acercarse a Jean Valjean sin que lo oyese andar.

Jean Valjean no titubeó ni por un segundo. Por muy imprevisto que fuera el encuentro, aquel hombre le resultaba conocido. Aquel hombre era Thénardier.

Aunque hubiese despertado, por decirlo de alguna manera, sobresaltado, Jean Valjean, acostumbrado a estar sobre aviso y curtido en golpes inesperados a los que hay salir al paso deprisa, recobró en el acto toda la presencia de ánimo. Además, la situación no podía ir a peor; existe determinado grado de desvalimiento que no puede ya ir en crescendo, y ni siquiera el mismísimo Thénardier podía volver más negra aquella oscuridad.

Hubo un intervalo de espera.

Thénardier hizo visera con la mano derecha, llevándosela a la frente; luego guiñó los ojos, frunciendo el entrecejo, lo que, junto con un leve fruncimiento de los labios, es característico de la atención sagaz de un hombre que quiere reconocer a otro. No lo consiguió. Jean Valjean, como acabamos de decir, estaba de espaldas a la luz y estaba, además, tan desfigurado y tan ensangrentado que no se lo habría podido reconocer a las doce del día. En cambio, con la luz de la verja dándole en la cara, una luz de sótano, bien es verdad, lívida, pero de una lividez nítida, Thénardier, como dice esa metáfora enérgica y vulgar, se le metió a Jean Valjean en el acto por los ojos. Aquellas condiciones desiguales bastaban para concederle cierta ventaja a Jean Valjean en aquel duelo misterioso que iba a entablarse entre las dos situaciones y los dos hombres. Era un encuentro entre Jean Valjean velado y Thénardier desenmascarado.

Jean Valjean se dio cuenta enseguida de que Thénardier no lo había reconocido.

Se quedaron un momento mirándose en aquella penumbra, como para medir cuántos puntos calzaban. Thénardier fue el primero en romper el silencio.

—¿Cómo te las vas a apañar para salir?

Jean Valjean no contestó.

Thénardier siguió diciendo:

—No valen las ganzúas. Pero tienes que irte de aquí.

—Es verdad —dijo Jean Valjean.

—Bueno, pues repartimos.

—¿Qué quieres decir?

—Tú has matado a ese hombre; bien está. Yo tengo la llave.

Thénardier señalaba con el dedo a Marius. Siguió diciendo:…