Wilbert Written by  May 10, 2015 - 1506 Views

Inti Raymi La fiesta al sol en Cusco Featured

Inti Raymi: la fiesta en honor al Dios Sol

El 24 de junio, la fiesta en honor al Dios Sol, se realiza en los tres escenarios históricos y naturales que habitualmente se utilizan para la escenificación:
- El Qorikancha (Cerco de oro): En la época incaica era el principal templo consagrado al sol.
- La Plaza de Armas (el antiguo Auqaypata o Plaza del Guerrero): Durante el incanato, en esta inmensa plaza se desarrollaba íntegramente la ceremonia en medio del gran ushnu o plataforma ceremonial.
- Saqsaywaman (voz que deriva de los términos quechuas "saqsay" y "waman" que traducidlo al español significa "sacíate halcón"). Este impresionante centro arqueológico se encuentra a 3,555 m.s.n.m., a un kilómetro del barrio inca de Qolqanpata.

Inti Raymi: la fiesta del sol en Cusco


24 Junio Fiesta del Sol

Durante muchos años antes de la llegada de los españoles a territorio americano, la ciudad del Cusco (Perú) se desempeñó como capital del Imperio inca. De ahí que Qosqo, su nombre original, signifique en quechua “ombligo del mundo”. Encaramada en un valle andino a más de 3.300 metros de altura, alcanzó su mayor esplendor a mediados del siglo XV, bajo el reino del iluminado inca Pachacútec, cuando se consolidó la ceremonia que cada año se dedica a Inti: el dios sol.

Los conquistadores arrasaron la ciudad en 1533 y se posesionaron del centro de la civilización inca. Sobre las ruinas de templos y palacios construyeron sus iglesias católicas, viviendas personales y edificios de administración pública. Pese a la extirpación violenta de la supuesta idolatría de la sociedad inca y al proceso de occidentalización que desde entonces experimenta, se ha preservado una visión mítica del ser humano, generando una cultura de resistencia que se manifiesta en la actualidad a través de elementos propios que han desafiado los embates del tiempo y la represión.

Uno de ellos es la celebración del Inti Raymi, la colorida Fiesta del Sol, que cada año se celebra el 24 de junio con ocasión del solsticio de invierno. Ese día el sol alcanza su máxima distancia de la tierra y los antiguos incas creían que se alejaría para siempre y nunca más regresaría. En aquellas alturas andinas, abruptas y frías, temían a la oscuridad total que los envolvería, a la ausencia de calor, y, en especial, se horrorizaban de la ruina que sufrirían las cosechas de las que derivaban su supervivencia.

Por eso ese día estaba dedicado a Inti, el dios supremo más querido y temido, el único que garantizaba la vida y decidía el futuro de la existencia humana. Hoy en día se repite la ceremonia como en aquella época remota, sólo que ahora en presencia de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, que la observan desde el atrio de la catedral sobre la Plaza de Armas del Cuzco. Se inicia con el solemne acto de izar la bandera del Perú y el pabellón del arcoíris que simboliza a la civilización del Tahuantinsuyo.

Sobre un palanquín entra el inca, descendiente directo del sol, un mozo broncíneo de contextura de jabalí, quien de inmediato se dirige al altar a un costado de la plaza acompañado de un séquito de generales. En una góndola de oro decorada con el emblema de la luna, sigue la emperatriz, y la procesión se complementa con una delegación de vírgenes del sol, aquellas que cuidaban en los templos el fuego eterno, y un batallón de guerreros de comprobado valor en el campo de batalla. Los aires alegres de flautas y tambores inundan el ámbito ceremonial, mientras hermosas mujeres portaestandartes convocan a las deidades protectoras a través de sus símbolos favoritos, como la serpiente o el cóndor andino.

En el altar, el inca eleva una copa de oro que contiene el acja, bebida fermentada de maíz, con la cual empieza el rito de la comunión con los sacerdotes y sus generales. En un momento dado alza las manos en señal de plegaria, invoca la protección de Inti y enciende el fuego sagrado que entrega a una bella princesa. Es entonces cuando toda la congregación se postra de manera solemne y sólo se siente el resplandor del sol en la atmósfera cargada por la intensidad de la liturgia.

Se reinicia el desfile con dirección al Coricancha, lugar donde estuvo erigido el templo del sol en piedra esculpida recubierta de oro, una de las construcciones más refinadas del incario, sobre cuyas ruinas se edificó la iglesia de Santo Domingo, y se prosigue por la cuesta que conduce a la majestuosa fortaleza de Sacsayhuamán. Aquí, en medio de su explanada y sobre una tarima que sirve de escenario, se desarrolla el segundo capítulo de esta vistosa representación que, como todo el teatro de la antigüedad, hunde sus raíces en el mito religioso.

Según la tradición, desde tres días antes de la ceremonia se observaba un ayuno general, y en la víspera del día señalado el inca, su séquito y todos sus súbditos se reunían en el templo mayor, sin encender el fuego, para esperar que el primer rayo de sol iluminara el cielo. Entonces, con todo el fervor de una aparición divina, era saludado con un grito de euforia seguido de cánticos, música, sacrificio de animales y una fiesta animada con generosas tinajas de chicha. El ritual sobre la explanada de Sacsayhuamán, en su versión actual, es una síntesis que recoge los elementos más significativos de esta tradición. Bajo la infinita tolda del cielo andino y enmarcado por cientos de miles de espectadores ubicados sobre las ciclópeas piedras de la antigua fortaleza, se desarrolla uno de los más vistosos ceremoniales, que se inaugura con el saludo del varayoc, o alcalde indígena, quien toca el pututo, o caracol marino. Enseguida, y siempre con la alegre música folclórica de fondo, el inca se postra en un acto de humildad, al igual que todos los integrantes del cortejo, e invoca solemnemente a Inti, destacando la fragilidad humana frente al poder omnímodo de la naturaleza.

Cuando el astro se dispone a desaparecer en el horizonte tiene lugar el clímax de la fiesta: el sacrificio de una llama, sólo que en su manifestación actual es de pantomima: una acción para persuadir al buen sol de que regrese al día siguiente con su irradiación de bondades. El sumo sacerdote extraía el corazón de la llama, una carta del destino, cuyo contenido pronosticaría las vicisitudes o bienaventuranzas de su pueblo en el ciclo venidero.

De todos modos, sean buenas o malas las noticias, terminada la ceremonia se inicia la celebración dionisíaca con las danzas que representan las más lejanas comarcas: danzas guerreras, danzas de amor, de la tierra, de pastores, y también danzas alegóricas, como el baile de los doctorcitos, que satiriza a los personajes del médico y el abogado, y el baile de los ukukos, machus y saqsas, personajes legendarios (osos y venados humanizados, el espíritu de la montaña, hombres de piedra y diablos), con máscaras feroces y atuendos de vivo colorido.

Más tarde, la multitud de peregrinos se integrará a los bailes populares con abundante chicha y, al ritmo de regocijantes huaynos, esperará hasta la salida del sol para convencerse de que las plegarias y el sacrificio no han sido en vano.

Wilbert

Possui graduação em Arquitetura e Urbanismo pela Facultad de Arquitectura y Artes Plasticas da Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco ,

Website: www.arquisalud.com
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